Recetas para hacer el hogar mas confortable
El antiguo "pomander"
Una naranja común llegó a ser un precioso amuleto que llevaban los cruzados en Tierra Santa. Hoy el "pomander" vuelve con funciones mas modestas como la de perfumar el ropero.
Durante el siglo XVI a pesar de que las brujas y alquimistas estaban bastante de moda, la gente tenia costumbre de adornarse con pequeños saquitos que contenian pastas olorosas, algodón empapado en aceite aromático o simplemente hierbas perfumadas. Su uso se hacia particularmente necesario dada la escasísima atención que se le prestaba a la limpieza personal.
En los museos de París se conservan todavía las "boules de senteurs" en oro y piedras preciosas tan de moda en los tiempos del Rey Sol, que tenían la función de los búcaros florentinos, jarrones moldeados con especiales arcillas olorosas que provenían de España y que servían para perfumar el aire de las estancias; con la tierra de "búcaro", se hacían también pastillas que se ponían en los huecos de las linternas de los candelabros para que el calor hiciese desprender de ellas un perfume más intenso.

De los pomanders de oro a la naranja común
Las mujeres de los cruzados con el fin de confiar la salud de sus esposos a un infalible talismán, ponian en los cofres donde llevaban el ajuar sus maridos, una "manzana de Portugal" oportunamente preparada según una receta que aseguraba la inmunidad contra la peste y otras enfermedades.
La preparación del pomander es muy sencilla: basta revestirla totalmente con clavos del clavero, fijándolos en la corteza dejando la menor distancia posible entre uno y otro. Terminado el trabajo, la naranja se transforma en una especie de pequeño puerco espín, que despide olores de especias.

Al cruzado que llegaba a Tierra Santa, la aromática naranja le traía el recuerdo de la casa lejana, de su familia...

Pero el pomander mas barato y fácil de preparar es el que tiene como base las naranjas y se realiza como aquellas "manzanas de Portugal" cubiertas de clavos aromáticos.
Preparar un pomander de este tipo es muy sencillo, se cubre la naranja con los clavos en toda su superficie, como se ha indicado anteriormente, y se coloca en un recipiente de madera y ponerla cerca de un radiador o de una estufa. El aire caliente es suficiente para secar el fruto, y mientras se seca podemos percibir en toda la casa el agradable y fresco aroma que desprenden. Finalmente la naranja perfumada, atada con un cordoncillo, podemos colgarla en el interior del ropero y bien pronto, la ropa adquirirá un agradable perfume, de un frescor dificilmente descriptible.
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