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martes, 4 de enero de 2011

CURIOSIDADES. Historias de los tiempos

Cuando se honraba a las plantas con himnos y oraciones


   Hubo un tiempo en el que las plantas, además de simbolizar a las divinidades, eran merecedoras de honores y oraciones, dignas, en todo y por todo, de los mayores dioses.  Todo esto sucedía hace miles y miles de años, sobre todo en Oriente, donde las religiones abundaban en referencias de tipo naturalista y las fuerzas de la Naturaleza estaban consideradas como el máximo exponente del poder sobrenatural.
  Todo esto se encuentra documentado en escritos y pinturas murales muy antíguos, pero está ilustrado de modo particular en una recopilación de textos religiosos indios conocida como Atharvaveda, este libro sagrado es considerado como el más antiguo de la religión de los vedas, recoge 731 himnos y entre ellos el "himno a las plantas" que el sacerdote-mago invoca, suplica y diviniza a las plantas en trece versículos de hermosa poesía.

El himno a las plantas

   "A todas invocamos: las oscuras, las blancas, las rojas y las manchadas, y las plantas de colores oscuros y también las negras.
   Que puedan salvar al hombre de sus enfermedades; ellas, mandadas por los dioses, ellas de las que el Cielo es padre, la Tierra madre, el Océano la raiz: !las Plantas!.
   Las espesuras, las plantas que trepan, yo las invoco, ellas resplandecen y se dividen en grupos, se abren en ramas.  Yo invoco las plantas que se elevan sobre todos los dioses, yo invoco a las poderosas que hacen vivir a los hombres.
   Hijas del agua, crecen fortaleciéndonos; fieles de los mil nombres que nos sean saludables. !Oh plantas, permaneced con nosotros!.
   Liberadoras que alejais el mal de Varuna, poderosas que destruís el veneno, que aniquilais la muerte y neutralizais los sortilegios, venid aquí, oh Plantas.
   Miel es la raiz, miel es la punta, miel el centro, miel la hoja, miel la flor.  Para quién come, ellas son alimento de piel y de ambrosía: dejaos exprimir y derramad vuestro suavísimo néctar y todos vuestros dones nutritivos.
   Todas vosotras, Plantas de las mil hojas, mientras vivimos sobre la Tierra, salvadnos de la muerte y de la angustia.
   Plantas que creceis sobre las montañas o en las llanuras, oh vosotras propicias, sed saludables a mi corazón.
   Nosostros os amamos, Plantas conocidas o desconocidas, las que nos son familiares y aquellas de las que no sabemos nada.
   Yo os llamo a todas en socorro del hombre: las conocidas por las águilas y los alcones celestes, las conocidas por los hombres o por los flamencos, las amadas por los animales del bosque o por las aves, yo las llamo en socorro del hombre.
   Todas las plantas que viven en los pastos de los bueyes y de las vacas, donde se nutren cabras y ovejas, pueden darnos protección, y por tanto- os ruego- brotad aquí, en nuestro huerto.
   Todas aquellas en las que los hombres expertos en el arte de curar encuentran un remedio, todas estas panaceas, yo las invoco y te las llevo a ti, que las necesitas.
   Las que se abren en flores y espigas, las que llevan frutos y las que no los tienen, todas las que se dejan exprimir como madres para la salud del hombre que sufre, yo te las doy como una bendición divina".

   Pero las invocaciones a las plantas no terminan aquí, en lo que respecta a los sagrados textos indios; en los antiguos libros de medicina mágica se lee un curioso himno a la "somavalli", es decir a la Asclepia acida, de la que se extrae la "soma" que es un licor usado durante los sacrificios y las ceremonias religiosas más importantes.  El imno a la "somavalli" se compone de estos seis versículos:

   "Cuando las Plantas descendieron del cielo dijeron:  Todo hombre que crea en la vida será curado por nosotras de todo mal".
   Oh Somavalli, mas preciosa entre las Plantas que las centenares de especies, tu eres la mejor de todas, siempre pronta a los deseos, siempre dulce al corazón.
   Plantas henchidas de soma, vosotras que estais diseminadas sobre la faz del globo, deponed todas vuestras virtudes en esta pequeña y humilde planta que yo cultivo.
   Vosotras que escuchais mi palabra, y vosotras, las Plantas lejanas, corred todas y dejad vuestro poder en esta plantita medicinal de la que espero un gran beneficio.
   Las Plantas hablan así a su reina Lla Somavalli:  "Cuando un brahamín (sacerdote) tiene necesidad de nosotras, oh reina, nosotras lo sabemos".
   "Oh Somavalli, tu eres la reina incostestada y los árboles están todos sometidos a tu autoridad: que ellos estén todos sometidos a la nuestra".

   Si esta veneración de los himnos indios pueden asombrarnos e incluso  inducirnos a una cierta reflexión, no menos interesante es el culto que los antiguos egipcios, unos tres mil años antes de Cristo, habían desarrollado en honor a la cebolla albarrana, haiéndole erigido incluso un templo en su honor.  Esta conocida planta bulbosa era adorada como una dios bajo el nombre de "Krommuon".
  
   En nuestros tiempos, en Túnez, entre las tribus nómadas, se tributan grandes honores a la Smilax aspera o zarzaparrilla, una beneficiosa planta medicinal que se llama "Mobrouka".  Cuando un huésped entra en una tienda beduina llevando una de estas plantas se oyen gritos de alegría y al portador del ramo, durante toda su visita se le tributan grandes honores, de lo contrario Moubrouka, la "princesa zarzaparrilla", podría pensar en una falta de atención, montar en cólera y vengarse cruelmente atrayendo sobre toda la tribu las más terribles enfermedades.




    Con todo esto no queda sino concluir que antiguamente era sin duda más simple y fácil hacer y vencer las batallas ecológicas: bastaba usar magia y religión, sortilegios y superstición..., hoy por desgracia, no es suficiente ni si quiera el Código Penal.

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